Inicio > Uncategorized > Papeles de Víctor Morelli (1)

Papeles de Víctor Morelli (1)

Azar

 

A Filtcraft le “abrieron la tapa de la vida, y le mostraron cómo funcionaba”, azar, contingencia.  Filtcraft, el personaje al que Sam Spade encuentra tras haberse vaporizado en “El Halcón Maltés”, creyó haber escapado del destino apostando al azar. Un día decidió desaparecer con lo puesto, sin decir nada a nadie. Años después acabaría en otra ciudad, y con otra vida casi igual que la que había llevado antes de su desaparición. Encerrado de nuevo.

¿Qué es el azar? Por qué a menudo lo buscamos como niños como un juguete nuevo, como si llevara consigo la respuesta de algo: tiramos los dados, echamos una moneda al aire… En 2004 Ashley Revell, británico de apenas treinta y dos años, vendió todas sus pertenencias, absolutamente todo, incluido el esmoquin que llevaba puesto aquella noche en Las Vegas. Reunió 135,300 $, decidió apostarlo todo al rojo, doble contra nada. “Todo ocurrió tan rápido, estaba girando antes de que me diese cuenta”. Segundos de incertidumbre, la bola que gira, caprichosos rebotes y saltos en la ruleta. Hay gente que se lanza desde un puente un domingo, pero sabe que la cuerda aguantará, otros buscan emociones más fuertes. ¿Es eso lo que buscamos? ¿Esa suspensión del tiempo, ese presente infinito? Rojo 7. Revell dobló. De no haber sido así no sería famoso. Y todo sucede antes de que uno pueda darse cuenta, y ya no puede hacer nada, ¿es eso el azar?

“Si pudiera dominarme solamente una hora, sería capaz de controlar mi destino”. Dice Alexei antes de volver al casino en “El Jugador”. Y sin embargo no es el azar lo que le importa al también jugador Dostoievsky, sino aquello de lo que no es más que una mera sombra, un pálido reflejo: el fatalismo, el fracaso al que todos los personajes se ven abocados, y esa liberación que supone la aceptación del destino. “¿Abuela, y si no sale rojo?”, dice al final de la novela. Azar y destino, al fin y al cabo lo mismo, al menos para el alma rusa de Fiodor.

¿Por qué a menudo relacionamos azar y destino?

Kid Cincinnati es un jugador profesional de póker. El mejor, o casi. Para dirimirlo se ha organizado esa partida, en New Orleans, entre negros trapicheando y cantando jazz y tugurios de mala muerte. Pero todo ocurre en el mejor hotel de la cuidad, allí jugarán Kid y el Rey, los demás no cuentan. Sabemos que al final sólo quedarán ellos dos, que a pesar de todo, de todas las horas que llevan jugando, de los manejos de Karl Malden, de las turbias insinuaciones de la peligrosa Ann-Margaret, llegará esa mano definitiva que ambos andan buscando. Unas cartas lanzadas sobre el tapete verde marcarán la diferencia entre el cielo y el infierno. Ellos dos, frente a frente: Edward G. Robinson y Steve McQueen. No, él no puede tener esa carta, esa jota que complete su escalera de color, Kid tiene cogido al Rey. Azar o destino, cuando el Rey muestra, sin emoción, esa carta, esa maldita jota, la sorpresa es mayúscula, pero en el fondo es algo que intuíamos, y más que nadie el propio Kid, quizá por ello lo apostó todo. “El poker es como la vida”, dicen los jugadores.

¿Y quién juega con nosotros? ¿El azar o el destino?

Un amigo visita al alférez Wilhelm Kasda, antiguo compañero de armas, necesita dinero de manera urgente (deudas de juego, claro), lo ha intentado todo, incluso el robo de pequeñas cantidades, pero está desesperado y ya no sabe a quién acudir. Pero Kasda no dispone de la cantidad necesaria, apenas una mínima parte ¿Y por qué no el juego? Kasda se decide a jugar su propia fortuna en una partida de cartas para ayudar a su amigo. Y gana. Gana mucho dinero en una imposible noche vienesa de fortuna y buena suerte, y hace lo que poca gente en su situación es capaz de hacer: se retira a tiempo. Es de madrugada, apenas hay nadie en la calle, debe de darse prisa o perderá el último tren. Un casual encadenamiento de sucesos, banales todos ellos, aunque cualquiera hubiera podido cambiar el curso de los acontecimientos, y el último tren que parte fatalmente cuando Kasda llega a la estación. Las calles desiertas, un largo paseo hasta casa, y los bolsillos repletos de dinero. La mesa de juego está sólo a un paso, quizá alguien le pueda llevar en su coche al terminar. Kasda vuelve, decide jugar otra vez (tiene tanto dinero). Esa segunda vez Kasda lo pierde todo, el relato de Arthur Schintzler acaba de manera trágica, “Apuesta al Amanecer”. ¿Quién ha jugado caprichosamente con Kasda?

Es curioso cómo podemos intercambiar los nombres utilizando los mismos adjetivos: caprichoso, cruel, afortunado. Porque ¿qué es el destino sino azar? El destino siempre aparece velado, oculto, ¿qué nos depara el destino?, ¿quién lo sabe? Y si el destino es desconocido, ¿en qué se diferencia del azar? Y por qué no llamar destino oculto a las caprichosas vicisitudes del azar. Me gusta la Teoría de Probabilidades, es una rama de las matemáticas apasionante.

La sibila de Ludwig Wittgenstein de nuevo, al que sigo leyendo de manera culpable, a menudo se parece a un sobrecito de azúcar: “Lo que el lector también puede, déjaselo a él”

————————————————————-

[Nota de Víctor Morelli encontrada en el envés de un resguardo bancario (circa 2005), en su apartamento de Barrio de Ruzafa de Valencia. Escrita a mano y con letra diminuta.]

 

Safe Creative #1104038877678

Anuncios
Categorías:Uncategorized Etiquetas:
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s