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Archive for 28 enero 2009

Sexo Artificial (y3)

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Me pregunto qué sucederá cuando los humanoides de la próxima generación sean totalmente intercambiables.

Será en un futuro cercano, los modelos equipados con Artificial Life III son ya tremendamente parecidos, aprenden rápido y saben ser discretos, disimulan bien su carácter artificial. No ocurrirá nada, me temo, estamos demasiado acostumbrados a su presencia, les apreciamos y realizan multitud de tareas imprescindibles. Aunque me imagino que los neoluditas intensificarán su campaña, pero sólo son un puñado de locos antitecnológicos, inadaptados que todavía añoran el trabajo manual y la comida no sintética (algunos de ellos dicen alimentarse exclusivamente de algo llamado tofu, y vegetales). La mayoría de la gente, sin embrago, se lo pensaría mucho antes de subir en un speeder pilotado por un humano (podría ocurrir cualquier cosa), en cambio si el piloto es humanoide se puede estar seguro de que no ocurrirá ningún percance. Pero todavía sigue habiendo cierta resistencia, sobre todo a medida que los humanoides se hacen más parecidos conductualmente

Recuerdo que hace tiempo se planteó la posibilidad de exigir algún tipo de señalización externa en los humanoides para poder identificarlos, pero era una propuesta extremista y paranoica, no era necesario ya que eran fácilmente identificables, y aún lo son, en cierta forma. En el bando contrario están los integracionistas, algunos de ellos incluso proponen la eliminación del sistema algorítmico de control, según ellos se evitarían los problemas de malfuncionamiento que se acaban produciendo con el tiempo, debido a la “colisión” de éste con los sistemas neuronales artificiales. También abogan por la existencia de humanoides “libres”, signifique lo que signifique “libre” cuando uno habla de una máquina. Pero es una propuesta ilegal, para que un humanoide trabaje en un entorno humano sin supervisión es necesario que  incorpore el sistema de control, de esta forma se evita cualquier posible daño por acción u omisión a los humanos, incluso cuando sobreviene el malfuncionamiento y aparecen esas extrañas psicopatologías robóticas.

Se habla a veces de la existencia de humanoides ilegales, pero creo que todo ello es pura fantasía, es totalmente impredecible cómo puede reaccionar un humanoide sin el sistema algorítmico de control en un medio social complejo, especialmente los que vienen equipados con Artificial Life III. Lo que sí que existen son los humanoides paradójicos, comúnmente conocidos como “dummies”, de hecho hay todo un mercado paralelo de locos por los dummies. Hace años, cuando un humanoide no superaba la fase de inicialización se le destruía, pero como el sistema algorítmico de control seguía operando perfectamente, y no ofrecían ningún tipo de peligro, algunos excéntricos comenzaron a comprarlos, al principio a precios ridículos; hoy, sin embargo,  un dummie “curioso” puede costar bastante dinero en el mercado de subastas. Conozco a un amigo que tiene uno de ellos, era un humanoide destinado a control de tráfico aéreo, no consiguió pasar el proceso y tuvo un nacimiento “complicado”, un overflow sináptico que el sistema de control fue incapaz de integrar durante las primeras horas; el resultado: crisis paranoides con delirios de grandeza y logorrea incontenible, Tim era capaz de hablar sin sentido durante horas, y a velocidad de vértigo, también se creía el Rey del Mambo, eso era divertido. Alguien en General Robotics pensó que inicializarlo en un lugar sobresaturado de estímulos era buena idea.

Cuando los humanoides sean totalmente intercambiables, ¿qué sentido tendrá todo esto? Hablamos de paranoias y psicopatologías como si de dolencias humanas se tratara, ¿es todo una analogía o realmente los humanoides padecen algo similar? ¿Quién tendrá razón entonces, los neoluditas o los integracionistas?

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Buena parte de la gente no se hace estas preguntas, convive con los artificiales y ya está, yo mismo tampoco me complicaba demasiado la vida hasta hace poco, pasaba con Mick buena parte del día sabiendo que era un humanoide, me divertía incluso contándole chistes verdes que él era incapaz de entender por más que lo intentaba. Pero desde que estoy con Jane, he empezado a preguntarme cosas. Entendámonos, no padezco ningún tipo de fijación, sé que Jane es una máquina, un artificial, y se le nota. Pero en los momentos de pasión y desenfreno, que debo decir que cada vez son más frecuentes e imaginativos, Jane parece otra cosa, naturalmente esa es su función. Esos retrógrados de los psicoanalíticos dirían que soy un fetichista, que sufro de algún tipo de represión sexual canalizada a través de un objeto, pero es un grupo intransigente, creen en cosas fantásticas como el superyó y el ello, organizan vigilias el día del nacimiento de Freud y educan a sus hijos según el dogma edípico. Afortunadamente el Conductismo y la neuroquímica, acabó con ellos hace ya mucho tiempo. Pero desde que convivo con Jeane me preguntó qué es lo que realmente siente ella cuando lo hacemos, todo parece tan real, y si parece real ¿no será efectivamente real?

Luego, es cierto, todo cambia, Jane vuelve a ser un humanoide con Artificial Life I, mantiene el tipo pero pronto comienza a sentirse algo perdida y a no entender cosas, no hace nada, claro, se queda mirando y sonríe, u observa con interés fingido los videobanners, entonces la apago y la dejo en estado durmiente, o le doy alguna tarea para que se entretenga, como comprobar la primalidad de algún entero largo, o calcular ceros de la función zeta de Riemann. Todo sería algo distinto si fuera un Artificial Life II como Mick, pero son demasiado caros. He hablado con Silvia del tema, ella tiene las ideas mucho más claras:

-No sé, Silvia, a veces me parece todo tan real.

-Sobre todo cuando folláis, ¿no?

-Sí claro, es en esas situaciones cuando me pasa, es genial, luego todo el encanto desaparece.

-A mí también me pasaba al principio con Armand. Es lo bueno que tienen los Natural Sex, son tan geniales en la cama que luego defraudan un poco. Las primeras semanas yo lo dejaba encendido a todas horas, estaba tan colgada de él que no me importaba como se comportaba, ya sabes, esa mezcla de ingenuidad idiota y estupefacción, pero resultó aburrido. Lo mejor es apagarlos después de un buen revolcón, y dedicarse a otra cosa.

-Genial.

-Ahora que me acuerdo, tenemos que quedar, hay que arreglar lo del papeleo, ya sabes, el matrimonio.

-Ah sí, genial. ¿Te parece bien el próximo otoño?

-Genial.

-Genial.

Seguí el consejo de Silvia, aunque mis encuentros amorosos con Jane se hicieron cada vez más frecuentes, la desconectaba un momento antes de que se esfumara el modo SEX y volviera a ser un humanoide. A pesar de todo no logro olvidarme de ella, ¡ojalá tuviera el dinero suficiente para comprarme un Natural Sex con Atrtificial Life II o III!, aunque creo que estos últimos no existen, o quizá sí.

Un día hablé de todo ello con Mick, pero no saqué nada en claro, al principio creyó que se trataba de un chiste verde, fingía reírse y no entendía de qué le estaba hablando. Cuando me comprendió me dijo que él tenía un módulo de comportamiento sexual limitado, podía sentir una leve atracción, algo etéreo e indefinido, pero nada más, lo justo para no resultar demasiado raro, pero de sexo, nada de nada, ni si quiera con humanoides, prefería los cuásares. Ese era Mick.

Sex Machine garantiza un mínimo de cinco años sin malfuncionamientos, pero ese momento llegará. No sé, quizá me la quede, por los buenos momentos, aunque me temo que las psicopatías también afecten al modo SEX, puede que sea incluso divertido, o puede que conozca a la auténtica Jane, una tía loca y divertida, y gracias el sistema algorítmico de control nada peligrosa, puede dar mucho juego, sus baterías de estroncio durarán años. No está prohibido, pero está mal visto, me da igual. Aunque… he oído que Sex Machine puede ofrecer un plan renove aprovechando el lanzamiento de sus nuevos modelos Natural Sex 3.0.

Eso sería… genial.

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Sexo Artificial (2)

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En pocos días recibí mi unidad. Número de serie 84579JKJI0809OL0908, sexo femenino, modo base hetero.

Como todo humanoide, por simple que fuera, venía preinicializado, evitando así a su propietario la engorrosa y sorprendente tarea de traer a la vida a un humanoide. Generalmente no sucedía nada, el sistema algorítmico de control se encargaba de inmediato de tomar las riendas de la situación y guiar poco a poco al complejo sistema neuronal de nanochips en la tarea de situar a su conciencia ficticia en el aquí y el ahora, y compatibilizar todo con la memoria personal que llevara de serie. El proceso duraba unas horas (o incluso días en las unidades más sofisticadas), tiempo durante el cual el humanoide sufría un estado de aturdimiento, o catatonia; de forma súbita adquiría conciencia y todo encajaba, comportándose como si hubiera vivido en el mundo real toda la vida.

Pero a veces ocurrían cosas, la red neuronal comenzaba a trabajar demasiado pronto, o el sistema algorítmico de control no conseguía coordinar de manera eficaz la ingente cantidad de funciones, o simplemente una saturación inicial de estímulos producía situaciones de overflow; en esos casos el nacimiento de un humanoide podía ser bastante traumático, se sucedían episodios de pánico, o incluso comportamientos paranoides, nada peligroso en todo caso, pero daba lugar a lo que se conocía como “humanoides paradójicos”, unos ejemplares bastante divertidos pero generalmente inútiles en sus cometidos. Para evitar todo ello los humanoides venían inicializados de fábrica, en estado durmiente, el propietario sólo tenía que introducir unos datos personales y dar un interruptor, generalmente instalado detrás de la oreja, tras unos segundos se comportaba como si se acabara de despertar.

Como me aconsejó Silvia, bauticé a mi humanoide, le llamé Jane. Realmente no estaba nada mal…, bueno, lo cierto es que estaba estupenda, era un modelo de serie con la mínima personalización -mi economía no me permitía un modelo completamente personalizado-, y tenía un evidente parecido con la actriz Angelika Zolie, la estrella del momento que merced a un jugosísimo contrato había cedido su imagen a Sex Machine, era uno de sus modelos más exitosos. Morena, pelo largo, sonrisa misteriosa y enigmática, y cuerpo apabullante.

Los humanoides Natural Sex 2.0 estaban equipados con Artificial Life I, un procedimiento estándar de comportamiento en medios humanos, era el más simple de todos, pero les permitía estar continuamente en funcionamiento e interaccionar con humanos no sólo en actividades sexuales, con lo cual, si el dueño lo deseaba, podía llevárselo a todas partes o convivir todo el día con él. Artificial Life I era en más básico de los procedimientos de compatibilidad humana, los humanoides que desempeñaban trabajos empleaban el sofisticado Artificial Life II, y los nuevos prototipos que intentaban remedar el comportamiento humano, casi a la perfección, utilizaban Artificial Life III. Los especialistas en robótica esperaban que los nuevos humanoides de la próxima generación fueran totalmente intercambiables, es decir, la compatibilidad entre humanos y humanoides sería del cien por cien, siendo imposible diferenciar unos de otros, para que ello fuera posible se especulaba con un nuevo –y todavía en fase de investigación- Artificial Life IV, o simplemente, LIFE.

Con Artificial Life I era patente, para aquel que tratara con ellos, que se trataba de humanoides, aunque tremendamente parecidos a los humanos. Su carácter artificial quedaba en evidencia en algunas situaciones concretas, pero si no se era demasiado exigente en lo tocante a las relaciones humanas, durante una gran parte del tiempo eran indistinguibles. Donde los Natural Sex 2.0 resultaban intercambiables sin fisuras de ningún tipo era en el comportamiento sexual, eran humanoides especializados y en ese tipo de actividad eran imbatibles, con una ventaja añadida, podían satisfacer cualquier demanda sexual de sus propietarios, a cualquier hora del día, y con total entrega. Sex Machine había anunciado la construcción de prototipos equipados con Artificial Life II, pero su elevado precio sólo estaba al alcance de una exclusiva cartera de clientes, e incluso se especulaba que circulaban algunas unidades con Artificial Life III.

Siempre se consideró un bulo, pero era un lugar común la creencia de que el atractivo, y joven, esposo de la Ministra de Exteriores era un Artficial Life III, aunque las voces más maliciosas consideraban que era imposible, a lo sumo sería un Artificial Life I, y la propia Ministra sería un humanoide con Artificial Life II (su sentido del humor era pésimo).

Cuando el propietario lo deseaba, es decir cuando le apetecía un revolcón, ponía el humanoide en modo SEX, en ese momento todo cambiaba, la anodina vida de humanoide se transformaba en una fogosa y volcánica personalidad ávida de sexo, y arrebatada por el físico y el carácter de su propietario, por vulgares que éstos fuera. Los encuentros sexuales se podían preprogramar, obligando a que incluyeran determinadas actividades, pero lo mejor era dejarse llevar, y pasar unas horas de sexo salvaje, o simplemente divertido, o anodinamente satisfactorio, con una atractiva mujer muy parecida a Angelika Zolie, o un espectacular y encantador hombre con un curioso parecido a Mad Hitt, ex pareja de Angelika y beneficiario de otro jugoso contrato con Sex Machine.

Los Natural Sex 2.0 disponían también de un modo QUICKSEX ,especialmente diseñado para revolcones instantáneos y sin preliminares de ningún tipo, un “aquí te pillo, aquí te mato”, que a todo el mundo le ha apetecido practicar alguna vez y tal vez nunca haya tenido con quien.

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Recibí a Jane un jueves, y decidí utilizarla ese mismo viernes por la noche. Lo necesitaba, en serio, tenía razón Silvia, mi último encuentro sexual lo tuve hace dos meses, fue un encuentro virtual con una chica australiana utilizando el programa de realidad virtual en red, SexMeeting. Fue frustrante la verdad, no conseguía dar con la interface adecuada, o quizá mi atractivo no daba para más, pero lo cierto es que fue lo único que logré tras intentarlo en repetidas ocasiones. Al principio hubo un overflow en las líneas laser de transmisión de datos -no sé qué pasó, algo en Singapur, o cerca- para cuando la cosa se solucionó ya estábamos un poco fríos, además, todo fue a peor, tuvimos un sniffer que pirateó todo nuestro encuentro, ahora probablemente lo esté disfrutando algún obseso del sexo virtual amateur, aunque no fue nada del otro mundo, más bien fue algo mediocre, y corto.

Ese viernes el trabajo en el observatorio se me hizo llevadero, y eso que me pasé el día calculando periodos de púlsares lejanos, una tarea tediosa que realicé canturreando y pensando en Jane ante la sorpresa de mis compañeros, incluido Mick, que no daban crédito a mi actitud. Jane me esperaba en casa mirando absorta por la ventana, una cena rápida y energética, una ducha -apenas podía contenerme ya-, y con la habitación dispuesta puse a Jane en modo SEX. Pero algo sucedió, demasiada fogosidad quizá, aunque lo que lo estropeó todo fue… esa voz, sí, fue esa horrible voz lo que hizo que me retrajera. Me sentí estafado y con un palmo de narices, decidí llamar a Silvia.

-¿Estás ocupada?

-No, estoy genial, qué pasa.

-Verás… Acabo de hacerlo con Jane y… no funciona, creo que es la voz, es… horrible. No lo entiendo, le ha cambiado cuando la puse en modo SEX.

-¿Has configurado el ecualizador del modo SEX?

-Pues no, ¿había que hacerlo?

-La primera vez sí, el humanoide utiliza otro módulo de comportamiento, y la voz resulta algo afectada. Lo pone en las instrucciones.

-¿Instrucciones? No las leí, tenía demasiada prisa. A ver…

-¿Qué aspecto tiene el ecualizador?

-¡Uff! Como si fuera el de Barry White.

-¿Quién?

-Nadie, no lo conoces, ya sabes que me gusta la música antigua… Ya está…

-¿Qué tal ahora?

-Genial. Vale, nos vemos.

-Genial.

(…)

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Sexo Artificial (1)

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Cuando se desarrollaron los primeros prototipos los neoluditas pusieron el grito en el cielo, pero nadie les hizo caso, eran una panda de pirados que montaban manifestaciones por casi cualquier cosa. Salieron en las noticias y su imagen de histéricos radicales quedaba muy bien en los videobanners que entretenían a la gente de camino al trabajo en los speeders o en la calle. En aquella ocasión lograron quemar un humanoide –un modelo antiguo- antes de que viniera la policía, iban vestidos con prendas textiles, y algunos de ellos portaban una imagen de Unabomber, un curioso personaje del siglo XX cuya historia sería larga de contar. Pero con el tiempo algunos empezaron a mostrar algún tipo de reparo y ver con cierta aprensión su uso generalizado: “trabajar en una explotación minera en la luna es una cosa, pero sustituir a los humanos como pareja sexual es otra cosa distinta”. El doctor Fritz de la ultraconservadora, Asociación Psicoanalítica definió su uso como una parafilia, pero eran palabras que ya no se empleaban, y mucho menos en la actual psiquiatría clínica, el psicoanálisis había sido considerado desde hacía tiempo como una disciplina oscurantista y retrógrada, sin embargo, el reducido grupo de freudianos y lacanianos que todavía pululaban nunca desaprovechaban la oportunidad de dejarse oír, apoyados, cómo no, por Familias por el Psicoanálisis, un grupúsculo que tenía algunos de sus miembros en puestos clave de la Administración.

Para Sex Machine Corp, la comercialización de sus primeros humanoides masculinos y femeninos, en versiones homo y hetero, fue un autentico pelotazo empresarial, sus acciones alcanzaron máximos históricos en el NASDAQ, logrando poco después del anuncio de la salida al mercado de las nuevas versiones Natural Sex 2.0, una capitalización inusitada para una empresa de robótica de consumo.

La Realidad Virtual era un entretenimiento banal, a pesar de los últimos adelantos en software y supercomputación, la introducción de los nuevos sistemas Virtual Real Time habían sido un último y desesperado intento por recuperar cuota de mercado en el competitivo mundo de la compañía artificial: el futuro era cibernético. A pesar de todo, las empresas de Realidad Virtual no habían logrado romper la barrera que suponía una simulación de la vida cotidiana, como mucho proporcionaban algo ligeramente distinto a la experiencia con cualquier psicofármaco, y para colmo de males, el descubrimiento de los alcaloides derivados del SDLH, supuso un duro golpe para aquellas empresas de Realidad Virtual dedicadas al ocio, eso sí, seguían dominando en el campo de la investigación científica, sobre todo desde que realizar experimentos reales resultó demasiado caro.

Existían hacía ya tiempo mascotas artificiales: perros, gatos, delfines y papagayos, especialmente estos últimos, cuya simulación robótica resultó un rotundo éxito, siendo imposible distinguir un papagayo autentico de uno robotizado, lo cual indujo a algunos gobiernos a repoblar selvas y bosques con infinidad de papagayos artificiales. Artificial Insects Corp., robotizó multitud de especies de insectos, con la intención de sustituir a los insectos reales por insectos robotizados y reprogramables, pero Control de Plagas puso el grito en el cielo cuando en número de cucarachas urbanas aumentó de forma considerable, siendo totalmente indistinguibles las reales de las artificiales, con el consiguiente fastidio del contribuyente municipal.

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No obstante, la simulación robótica de personas humanas todavía dejaba algo que desear, a pesar de los considerables avances en software y sobre todo en hardware, con el uso generalizado de nanochips moleculares y la arquitectura masiva de redes neuronales. A pesar de los nuevos diseños y el empleo de tecnología orgánica, que simulaba a la perfección el aspecto e incluso el tacto de los humanos, era terriblemente fácil distinguir un auténtico de un artificial: carecían de sentido del humor, o si lo tenían resultaba espantosamente absurdo, además, con el tiempo incurrían en un “malfuncionamiento” que derivaba en comportamientos extraños que simulaban psicopatías extrañas, o más espectacularmente, el humanoide terminaba padeciendo una especie de Síndrome de Tourette, realizando tics involuntarios o emitiendo sonidos extraños sin venir a cuento. Los especialistas señalaban que podía ser debido a la interacción entre sus sistemas de redes neuronales autoprogramables, y el sistema algorítmico de control, que perceptivamente debían portar para evitar que su relación con los humanos fuera peligrosa pasase lo que pasase.

A pesar de las dificultades, su introducción en la vida cotidiana era generalizada, llegando a desempeñar multitud de trabajos, mi compañero Mick, por ejemplo, que se pasa horas analizando placas fotográficas de cuásares, es uno de ellos. Los neoluditas, encontrado el punto débil de los humanoides, empezaron a realizar sabotajes contando malos chistes a diestro y siniestro, y quemando públicamente a quienes no conseguían reírse, ni que decir tiene que se llevaron por delante a algunos humanos que tampoco encontraban gracioso el sentido del humor de los neoluditas ajeno a las modas del momento, ya que también se negaban a ver los videobanners.

Hugh Meffner, un ingeniero cibernético de California, abandonó su puesto de trabajo como diseñador en General Robotics y decidió hace unos años montar su propia empresa de robótica: Sex Machine. “Estaba ya cansado de diseñar humanoides para conducir aviones y speeders, y decidí hacer realidad mi propio sueño”, declaró en alguna ocasión, “es todavía difícil construir humanoides perfectos, la Estupidez Artificial es una ciencia todavía en sus comienzos, pero por qué no construir humanoides que simulen a la perfección aspectos concretos de la actividad humana, por ejemplo el sexo”.

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En pocos años Sex Machine facturaba decenas de millones de eurodólares, y hoy es una de las empresas punteras en el NASDAQ. Eran humanoides de aspecto cuidadísimo, con un amplio catálogo, aunque era posible personalizarlos, y diseñados para hacer realidad cualquier deseo, gracias a su software polivalente. Su simulación no sólo era perfecta durante la actividad sexual, fuera ésta la que fuera, sino que su programación permitía también simular un comportamiento precoital y postcoital de varias horas, capaz de pasar cualquier test de Turing por puntilloso que fuera, y si no se era demasiado exigente con las relaciones personales, podían acompañar a su dueño o dueña durante todo el día, aunque en ese caso se empezaban a notar las carencias propias de todo humanoide. La empresa garantizaba una ausencia de “malfuncionamientos” al menos durante cinco años (lo cual era importante, a nadie le gusta sufrir tics absurdos de su humanoide nuevo en pleno frenesí amoroso), y un servicio de asistencia técnica inmejorable, “a prueba del más exquisito conaisseur “.

Tengo un trabajo tedioso y aburrido, devastador diría yo: catalogo cuásares y púlsares que engordan una infinita base de datos, poco tiempo libre y un sueldo magro, lo cual me deja poco tiempo para las relaciones personales. Así que animado por Silvia, mi antigua compañera de universidad y futura esposa, aunque no la veo desde hace ocho años a pesar de vivir en la misma metrópoli (es más cómodo hablarse por videoconferencia), decidí gastarme los 998.95 €$ que cuesta cada unidad Natural Sex 2.0, y probarlo:

-Me voy a comprar una humanoide Natural Sex, Silvia.

-Genial, ya verás cómo te encanta. Yo estoy encantada con Armand.

-¿Quién es Armand, tu humanoide? ¿No me digas que le has puesto nombre?

-Sí, es más cómodo así.

-Genial.

-Genial.

(…)

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Conjuntos

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Félix Bernstein, en su carta a los editores de las obras de Richard Dedekind, contaba una anécdota que ejemplificaba la distinta concepción que tenían Dedekind y Georg Cantor sobre qué era un conjunto:

“El episodio siguiente debería ser de especial interés: respecto al concepto de conjunto Dedekind me manifestó que se imaginaba un conjunto como un saco cerrado, que contiene cosas completamente determinadas, pero de modo que uno no las ve, y no sabe nada de ellas salvo que existen y están bien determinadas. Algún tiempo después Cantor dio a conocer su manera de imaginarse un conjunto: elevó bien su alta y colosal figura, describió con el brazo extendido un gesto magnífico, y dijo con una mirada dirigida a lo indeterminado: ‘Me imagino un conjunto como un abismo’”.

La cita es suficientemente ilustrativa. A Cantor se le considera el introductor de la Teoría de Conjuntos en la matemática, sin embargo la concepción de conjunto que intuitivamente se usa es la que mantenía Dedekind; quizá por eso se malinterpreta el papel que las paradojas de Russell tuvieron en el desarrollo de la Teoría.

La historia oficial (u oficiosa) dice:

“Las antinomias que descubrió Russell en el manejo de los conjuntos, llevó a la primitiva Teoría de Conjuntos introducida por Cantor, y que se postulaba como nuevo fundamento de las matemáticas, a un callejón sin salida. Para solucionarlo y conservar así ese “paraíso introducido por Cantor y del que nadie podrá expulsarnos jamás” (en palabras de David Hilbert), se hizo necesario una correcta formalización de la Teoría que evitara las paradojas. El primer intento fue la Teoría de los Tipos de Russell y Whitehead; posteriormente con la formalización de la Teoría llevada a cabo por Zermelo y Fraenkel, y también con la de Bermays, Newmann y Gödel, se conjuraron los fantasmas y todos los matemáticos pudieron usar con tranquilidad los conjuntos sin temer a las paradojas… ni a los barberos que no se afeitan a sí mismos.”

Sin embargo, a Cantor la paradoja de Russell le importó un pimiento, entre otras cosas porque pensaba que no le concernía en absoluto, sus “conjuntos” eran otra cosa. Y no se equivocaba.

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La concepción ingenua de los conjuntos, mantenida por Russell, Dedekind, y en lo que de conjuntista tenía su lógica, por Frege, entendía a éstos como la extensión de un predicado: a todo predicado le corresponde un conjunto en algún mundo ideal, un conjunto (o clase) es un concepto, un saco cerrado que engloba cosas reunidas merced alguna cosa común. Naturalmente esto se viene abajo cuando uno se enreda con predicados autorreferentes: “el conjunto de todos los conjuntos que no son elementos de sí mismo”.

Cantor acabó considerando los conjuntos como algo totalmente distinto: un conjunto es algo que se puede “contar”, entendiendo la palabra en un sentido amplio. O en términos técnicos, algo que puede ser puesto en correspondencia con un ordinal. Es decir, un conjunto no es ningún concepto idealizado, sino algo que puede ser “numerado” u ordenado mediante un número ordinal. Normalmente un ordinal tiene mucho más que ver con un abismo que con un saco.

La Teoría de Cantor de los ordinales no tiene ninguna paradoja de tipo russelliniano, su heurística es perfectamente coherente salvo en la medida en que nos preguntemos si el conjunto de ordinales es un ordinal. Esa es la única “paradoja” que preocupaba a Cantor, pero esa pregunta, para Cantor, no tenía ningún sentido, pertenecía al dominio de lo Absoluto, algo incognoscible.

A pesar de su comodidad, la concepción ingenua de los conjuntos termina dando lugar a paradojas, un conjunto no es una forma platónica que habita un lugar en un Olimpo platónico, es algo más sutil, y al mismo tiempo más simple; es, tal y como pensaba Cantor, algo que se puede contar, numerar. Pero cuando traspasamos la barrera de lo finito la numerabilidad nos conduce a lo infinito, los abismos de lo transfinito.

La pregunta que no logró responder Cantor es si su Teoría podía incluir al continuo, un salto de fe que no pudo demostrar.

(Apuntes, El Infierno de Cantor)

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Arecibo

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Arecibo es una ciudad situada al norte de la isla de Puerto Rico, en las colinas que la rodean se encuentra situado el NAIC (National Center of Astronomy and Ionosphere) administrado por la universidad de Conrnell, el radiotelescopio de Arecibo, una enorme antena esférica de 305 m. de diámetro. Es la antena más potente en activo capaz de captar radioondas provenientes del espacio profundo con una sensibilidad todavía no superada. Arecibo siempre ha sido un observatorio ligado a los distintos programas SETI, encaminados a captar posibles señales de radio provenientes de una hipotética civilización extraterrestre, en realidad quien realiza la tarea es un dispositivo acoplado en el receptor de la antena llamado SERENDIP que aprovecha el trabajo rutinario del radiotelescopio para rastrear señales.

Tras varias décadas de funcionamiento de los distintos programas SETI, y millones de datos recogidos, únicamente se han registrado dos señales anómalas, o sin causas conocidas: en 1977, la señal “Wow!”, recogida por el radiotelescopio Big Ear, una potente señal (de ahí su nombre) que se destacó sobre el fondo de microondas; y la señal catalogada como SHGb02+14a en 2003, detectada por Arecibo y que tuvo su origen en un punto del firmamento donde no hay ninguna estrella a menos de 1000 años-luz, al igual que Wow! no se ha vuelto a detectar cuando se ha apuntado el radiotelescopio al mismo punto. En resumen, un prolongado, frustrante y desconcertante (¿o no?) silencio.

Pero en Arecibo también se envió en 1974 una potente señal conteniendo un mensaje codificado y dirigido hacia el cúmulo estelar M13 situado a unos 25.000 años-luz y rico en estrellas similares al Sol. 1.679 bits que se retransmitieron en pulsos de 2.380 MHz y que dispuestos en una matriz de 23×73 (23×73=1679), forman un mensaje numérico (en binario) y gráfico: se “explica” por recursión el código binario, se dan los números atómicos del hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxigeno y fósforo (componentes básicos de la vida), se esquematiza la estructura de una molécula de DNA, la posición relativa de la Tierra… Pero tan solo es ruido.

Dejando de lado la remota posibilidad de que sea descifrado (incluso los mismos científicos tuvieron serias dificultades para hacerlo) o detectado, de que pueda incluso ser catalogarlo como de origen inteligente (según la Teoría de la Información la entropía de la señal es la que cabría encontrar en cualquier mensaje codificado), podemos preguntarnos realmente quién es el verdadero destinatario del mensaje. La respuesta es muy simple, y de hecho es la que daría Snawt: nosotros mismos.

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Con el mensaje de Arecibo, así como proyectos como el SETI, no intentamos más que buscar esos espejos que ansiamos al lanzarnos a la aventura del “Contacto”, nos buscamos a nosotros, nuestra “inteligencia extraterrestre” no es más que una versión idealizada del hombre, aquello que anhelamos y no encontramos, buscamos un reflejo, una representación. No pretendemos comunicarnos sino lanzar un grito en una isla desierta para oírnos.

Sin embargo hay científicos que consideran factible la posibilidad de algún tipo de contacto, de que existe algún fondo común en cualquier comportamiento inteligente y que puede ser explotado para mandar o recibir algún tipo de mensaje. Quizá sea la matemática, o algún tipo de matemática elemental, lo cual nos lleva a una vieja y manida pregunta (también polémica), ¿qué son las matemáticas, y cuál es su estatus ontológico? Pero la cuestión es mucho más profunda, ¿qué es la inteligencia?

Hay una posición optimista, algún tipo de vida inteligente es una consecuencia más o menos necesaria de la selección natural, la presión evolutiva acaba destilando seres vivos inteligentes capaces de entender algo sobre la física del cosmos y de poseer algún tipo de matemáticas, es sólo cuestión de tiempo. Sin embargo creo que es una posición demasiado determinista, peca de cierto mecanicismo evolutivo y ven en la selección natural un mecanismo preciso y determinista (aunque ciego).

Creo que olvidan el azar, la contingencia y lo desconocido, y sobre todo, aquello que desconocemos que desconocemos. No es una posición metafísica, es más bien todo lo contrario, la evolución es un proceso de un solo uso, son tantos los factores contingentes que influyen en ella que una vez puesta en marcha no es posible saber dónde va a parar, o dicho de otra forma, puesta en marcha por segunda vez en las mismas condiciones llevaría a otro lugar totalmente distinto. La vida apareció en la Tierra hace unos 3.800 millones de años, hasta hace sólo 670 millones de años no hubo ningún tipo de organismo pluricelular, ha habido varias explosiones de vida y sólo unas pocas ramificaciones han seguido su caótica marcha, por otra parte el género Homo tan solo es un suspiro. En todo ello es más fácil ver una serie de saltos, donde acontecimientos inesperados son capaces de causar verdaderos cataclismos evolutivos, que un cambio gradual en el que los organismos inteligentes acaban apareciendo de alguna u otra manera.

Tendemos a ver la inteligencia desde fuera, generalizándola como un universal, pero sólo conocemos un ejemplar, y es un producto de una evolución extraordinariamente compleja y caótica. Quizá sea algo atípico, una excepción, un monstruo estadístico, una anomalía. En cualquier caso, ¿cuál sería el efecto del mensaje de Arecibo en Solaris? Siempre hay algo peor que el silencio: la incomprensión, la ignorancia, el autismo.

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Rouge

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La cita.

No había ninguna indicación, el número “10” en el pulsador del portero automático y nada más, ella le dijo que era un sitio discreto. No mintió, nada decía el portal de aquella casa; a su lado había otro casi idéntico y algo más alejado un “chino” con la dueña en la puerta colocando unas prendas de ropa. Se paró un momento junto a la puerta, era la hora convenida pero dudó en llamar, en realidad no supo por qué lo hizo, iba a entrar de todas formas. Se miró el reloj, llamó dos veces, esperó.

La dependienta del “chino” le miró con desgana, un anciano pasó a su lado paseando a un pequeño perro, iba con zapatillas de andar por casa y un palillo en la boca… Una voz contestó al cabo de algún momento:

-¿Sí?

-Eh… soy yo… –dijo inmediatamente.

Se sintió ridículo. La puerta se abrió, la voz le dijo que era el quinto piso. El patio era viejo, había poca luz, pero estaba limpio. El aspecto del ascensor le hizo dudar, supuso que habría pasado todas las inspecciones de seguridad pertinentes, pero era estrecho, hacía ruido y tardó una eternidad en bajar. Entró. Pulsó el quinto. Durante la lenta ascensión evitó mirarse en el viejo espejo fijado en la pared del ascensor, sin embargo lo hizo. Se rehízo el prieto nudo de la corbata, vio sus manos huesudas y manchadas, las arrugas que invadían su cara y su escaso pelo cano. Le gustó esa sensación de inevitabilidad que le producía la lenta ascensión, la imposibilidad de volverse atrás, el inapelable curso que habían tomado los acontecimientos mientras el ascensor llegaba a su destino.

Quinto piso, puertas nueve y diez. El suelo era ajedrezado, en la puerta nueve había una estúpida esterilla con la palabra “Wellcome”, en la diez no había nada. Quizá lo estuviesen espiando, un ojo ávido de curiosidad morbosa pegado a una mirilla panóptica.

Llamó al timbre, esta vez no tardaron en abrir, una señora casi anciana entreabrió la puerta y le dejó pasar.

-Vengo de parte de…

-Está todo arreglado, no se preocupe –la vieja no le dejó acabar

Le hizo una señal para que le siguiera. Había poca luz pero olía bien, no podía identificar a qué. Cruzaron una puerta y una especie de despacho, como el de una consulta de algún rancio abogado. De nuevo se sintió viejo, cansado, gastado; tuvo ganas de dar media vuelta y largarse. En la pared había una puerta pintada del mismo color, la mujer la abrió.

-Al final del pasillo hay una puerta a la derecha, ella está allí. Le está esperando –le dijo.

Estaba sentada a los pies de la cama. Tenía las piernas muy juntas y sus manos descansaban sobre una inmaculada sábana blanca. Se había quitado la ropa, llevaba una máscara. No la miró. Su mirada recorrió la habitación: un sillón donde ella había dejado la ropa perfectamente doblada, un pesado armario, una cómoda, un espejo colgado de la pared… poco más. Intentaba demorar el instante en el que sus ojos volverían a posarse en ella, ya de manera definitiva. No entendía por qué ella había querido volver a ponerse esa máscara, representar de nuevo esa comedia en la que ninguno de ellos creía, al menos él no. Se fijó en las pesadas cortinas rojas que colgaban de un ventanal y que velaban la estancia del exterior. Hacia allí se dirigió. No la miró; ella tampoco. Entreabrió ligeramente las cortinas, no había nada, un patio interior anodino con pocas luces, un par de ellas abajo, una arriba. Cerró las cortinas.

Se giró. Se miraron. Volvió a cruzar lentamente la habitación, casi podía oír la pesada respiración de ella, o quizás fuera la suya. Tocó con su mano su espalda, esos tatuajes incomprensibles que recorrían su pálida piel, rozó apenas su pecho. Él se acercó al sillón, le disgustó tener que dejar la ropa de ella en el suelo enmoquetado: los pantalones, la blusa, los calcetines metidos en las botas, la mínima ropa interior… todo perfectamente arreglado, intentó no descomponer nada. Se sentó. No dejaron de mirarse.

Ella se tumbó en la cama, se deslizó suavemente, los tatuajes de sus piernas contrastaban con la blancura de las sábanas. Abrió ligeramente los muslos, agarró la almohada que estaba por encima de su cabeza, la estrujó con fuerza con sus manos clavando sus dedos en ella.

De los ojos de él casi asomaban las lágrimas…

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Rouge

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“She’ll never know just what I found

That blue-eyed girl she said no more

And that blue-eyed girl

became blue -eyed whore”

P J Harvey. Down by the water.

 

Los fantasmas no siempre están en el pasado, los peligrosos residen en el futuro… esperan pacientes a que lleguemos. Siempre esperan, y siempre terminamos encontrándolos.

 

P. J. Harvey. Down by the Water


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