24
Ene
09

Sexo Artificial (2)

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En pocos días recibí mi unidad. Número de serie 84579JKJI0809OL0908, sexo femenino, modo base hetero.

Como todo humanoide, por simple que fuera, venía preinicializado, evitando así a su propietario la engorrosa y sorprendente tarea de traer a la vida a un humanoide. Generalmente no sucedía nada, el sistema algorítmico de control se encargaba de inmediato de tomar las riendas de la situación y guiar poco a poco al complejo sistema neuronal de nanochips en la tarea de situar a su conciencia ficticia en el aquí y el ahora, y compatibilizar todo con la memoria personal que llevara de serie. El proceso duraba unas horas (o incluso días en las unidades más sofisticadas), tiempo durante el cual el humanoide sufría un estado de aturdimiento, o catatonia; de forma súbita adquiría conciencia y todo encajaba, comportándose como si hubiera vivido en el mundo real toda la vida.

Pero a veces ocurrían cosas, la red neuronal comenzaba a trabajar demasiado pronto, o el sistema algorítmico de control no conseguía coordinar de manera eficaz la ingente cantidad de funciones, o simplemente una saturación inicial de estímulos producía situaciones de overflow; en esos casos el nacimiento de un humanoide podía ser bastante traumático, se sucedían episodios de pánico, o incluso comportamientos paranoides, nada peligroso en todo caso, pero daba lugar a lo que se conocía como “humanoides paradójicos”, unos ejemplares bastante divertidos pero generalmente inútiles en sus cometidos. Para evitar todo ello los humanoides venían inicializados de fábrica, en estado durmiente, el propietario sólo tenía que introducir unos datos personales y dar un interruptor, generalmente instalado detrás de la oreja, tras unos segundos se comportaba como si se acabara de despertar.

Como me aconsejó Silvia, bauticé a mi humanoide, le llamé Jane. Realmente no estaba nada mal…, bueno, lo cierto es que estaba estupenda, era un modelo de serie con la mínima personalización -mi economía no me permitía un modelo completamente personalizado-, y tenía un evidente parecido con la actriz Angelika Zolie, la estrella del momento que merced a un jugosísimo contrato había cedido su imagen a Sex Machine, era uno de sus modelos más exitosos. Morena, pelo largo, sonrisa misteriosa y enigmática, y cuerpo apabullante.

Los humanoides Natural Sex 2.0 estaban equipados con Artificial Life I, un procedimiento estándar de comportamiento en medios humanos, era el más simple de todos, pero les permitía estar continuamente en funcionamiento e interaccionar con humanos no sólo en actividades sexuales, con lo cual, si el dueño lo deseaba, podía llevárselo a todas partes o convivir todo el día con él. Artificial Life I era en más básico de los procedimientos de compatibilidad humana, los humanoides que desempeñaban trabajos empleaban el sofisticado Artificial Life II, y los nuevos prototipos que intentaban remedar el comportamiento humano, casi a la perfección, utilizaban Artificial Life III. Los especialistas en robótica esperaban que los nuevos humanoides de la próxima generación fueran totalmente intercambiables, es decir, la compatibilidad entre humanos y humanoides sería del cien por cien, siendo imposible diferenciar unos de otros, para que ello fuera posible se especulaba con un nuevo –y todavía en fase de investigación- Artificial Life IV, o simplemente, LIFE.

Con Artificial Life I era patente, para aquel que tratara con ellos, que se trataba de humanoides, aunque tremendamente parecidos a los humanos. Su carácter artificial quedaba en evidencia en algunas situaciones concretas, pero si no se era demasiado exigente en lo tocante a las relaciones humanas, durante una gran parte del tiempo eran indistinguibles. Donde los Natural Sex 2.0 resultaban intercambiables sin fisuras de ningún tipo era en el comportamiento sexual, eran humanoides especializados y en ese tipo de actividad eran imbatibles, con una ventaja añadida, podían satisfacer cualquier demanda sexual de sus propietarios, a cualquier hora del día, y con total entrega. Sex Machine había anunciado la construcción de prototipos equipados con Artificial Life II, pero su elevado precio sólo estaba al alcance de una exclusiva cartera de clientes, e incluso se especulaba que circulaban algunas unidades con Artificial Life III.

Siempre se consideró un bulo, pero era un lugar común la creencia de que el atractivo, y joven, esposo de la Ministra de Exteriores era un Artficial Life III, aunque las voces más maliciosas consideraban que era imposible, a lo sumo sería un Artificial Life I, y la propia Ministra sería un humanoide con Artificial Life II (su sentido del humor era pésimo).

Cuando el propietario lo deseaba, es decir cuando le apetecía un revolcón, ponía el humanoide en modo SEX, en ese momento todo cambiaba, la anodina vida de humanoide se transformaba en una fogosa y volcánica personalidad ávida de sexo, y arrebatada por el físico y el carácter de su propietario, por vulgares que éstos fuera. Los encuentros sexuales se podían preprogramar, obligando a que incluyeran determinadas actividades, pero lo mejor era dejarse llevar, y pasar unas horas de sexo salvaje, o simplemente divertido, o anodinamente satisfactorio, con una atractiva mujer muy parecida a Angelika Zolie, o un espectacular y encantador hombre con un curioso parecido a Mad Hitt, ex pareja de Angelika y beneficiario de otro jugoso contrato con Sex Machine.

Los Natural Sex 2.0 disponían también de un modo QUICKSEX ,especialmente diseñado para revolcones instantáneos y sin preliminares de ningún tipo, un “aquí te pillo, aquí te mato”, que a todo el mundo le ha apetecido practicar alguna vez y tal vez nunca haya tenido con quien.

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Recibí a Jane un jueves, y decidí utilizarla ese mismo viernes por la noche. Lo necesitaba, en serio, tenía razón Silvia, mi último encuentro sexual lo tuve hace dos meses, fue un encuentro virtual con una chica australiana utilizando el programa de realidad virtual en red, SexMeeting. Fue frustrante la verdad, no conseguía dar con la interface adecuada, o quizá mi atractivo no daba para más, pero lo cierto es que fue lo único que logré tras intentarlo en repetidas ocasiones. Al principio hubo un overflow en las líneas laser de transmisión de datos -no sé qué pasó, algo en Singapur, o cerca- para cuando la cosa se solucionó ya estábamos un poco fríos, además, todo fue a peor, tuvimos un sniffer que pirateó todo nuestro encuentro, ahora probablemente lo esté disfrutando algún obseso del sexo virtual amateur, aunque no fue nada del otro mundo, más bien fue algo mediocre, y corto.

Ese viernes el trabajo en el observatorio se me hizo llevadero, y eso que me pasé el día calculando periodos de púlsares lejanos, una tarea tediosa que realicé canturreando y pensando en Jane ante la sorpresa de mis compañeros, incluido Mick, que no daban crédito a mi actitud. Jane me esperaba en casa mirando absorta por la ventana, una cena rápida y energética, una ducha -apenas podía contenerme ya-, y con la habitación dispuesta puse a Jane en modo SEX. Pero algo sucedió, demasiada fogosidad quizá, aunque lo que lo estropeó todo fue… esa voz, sí, fue esa horrible voz lo que hizo que me retrajera. Me sentí estafado y con un palmo de narices, decidí llamar a Silvia.

-¿Estás ocupada?

-No, estoy genial, qué pasa.

-Verás… Acabo de hacerlo con Jane y… no funciona, creo que es la voz, es… horrible. No lo entiendo, le ha cambiado cuando la puse en modo SEX.

-¿Has configurado el ecualizador del modo SEX?

-Pues no, ¿había que hacerlo?

-La primera vez sí, el humanoide utiliza otro módulo de comportamiento, y la voz resulta algo afectada. Lo pone en las instrucciones.

-¿Instrucciones? No las leí, tenía demasiada prisa. A ver…

-¿Qué aspecto tiene el ecualizador?

-¡Uff! Como si fuera el de Barry White.

-¿Quién?

-Nadie, no lo conoces, ya sabes que me gusta la música antigua… Ya está…

-¿Qué tal ahora?

-Genial. Vale, nos vemos.

-Genial.

(…)


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