15
Ene
09

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¿En qué medida Solaris es algo “inteligente”?

Pensemos en la “Paradoja de Fermi”, aunque en términos lógicos habría que llamarlo el “Argumento de Fermi”. Le preguntaron a Enrico Fermi que opinaba sobre la existencia de civilizaciones extraterrestres, y él respondió que lo consideraba altamente improbable, ya que de ser algo frecuente en la galaxia ya habríamos tenido algún tipo de prueba de la existencia de las mismas.

Yo, al igual que Fermi, soy un escéptico.

No creo que el trillado asunto de la existencia de inteligencia extraterrestre sea una cuestión de probabilidad, sino de semántica, una fantasmagoría retórica que no lleva a ningún sitio. Consideremos el caso más pedestre de la “vida”; puedo decir que yo soy un ser vivo, o que lo es una bacteria, un virus es algo vivo, y parece que ahí encontramos la difusa frontera que marca la vida de lo que no es. Aquello que llamamos vida no es más que un subproducto emergente de la variada química basada en el carbono, y dicho sea de paso, con un elevado grado de contingencia. Hace años se creía que su posibilidad era muy escasa, se tenían que dar unas condiciones muy precisas para que surgiese, esta opinión se ha modificado, la vida se abre camino aún en condiciones bastante adversas. Personalmente no creo que la aparición de organismos vivos (es decir, de complejos moleculares capacees de establecer diversos equilibrios y basados en la duplicación y transcripción de moléculas de RNA o DNA) sea algo irrepetible, puede que incluso existan en alguna otra parte del sistema solar, e incluso creo posible crearlos de manera artificial.

Pero definir el concepto de “vida” está viciado de origen, es una falacia lógica. No estamos definiendo nada, es decir, no enunciamos una propiedad puesto que sólo conocemos un ejemplar, es un concepto aplicable a un único fenómeno: la “vida” es la “vida” que conocemos en la Tierra, no es por tanto un concepto definible y aplicable a todo el cosmos salvo en la medida que sea la misma “vida” que conocemos. ¿Existe otro tipo de vida que no esté basada en el carbono, o el DNA, y con otro tipo de connotaciones? Es una pregunta sin sentido.

Con el tema de la “inteligencia” sucede otro tanto. ¿Cuándo decimos que algo es “inteligente”? ¿Qué es una “civilización”? Evidentemente podemos definirlo pero ocurre algo parecido, estamos definiendo fenómenos únicos, definimos algo “desde dentro” cuando lo que queremos para establecer comparaciones es una definición “desde fuera”. La “inteligencia” que conocemos es la inteligencia de la especie humana, un destilado evolutivo terrestre fruto de un montón de circunstancias contingentes. El problema no es si es probable que existan civilizaciones inteligentes, sino si es posible si quiera identificar algo como tal. No es tanto que exista una inteligencia que no seamos capaces de comprender, como de que exista algo tan distinto que no seamos capaces de llamarlo “inteligente”.

El problema lo ejemplifica Solaris. No sabemos qué es Solaris, es un objeto físico, un plasma, un coloide, pero su “comportamiento” nos resulta paradójico. ¿Es inteligente? La corriente mayoritaria en la solarística se inclinaba por una respuesta afirmativa, aunque con la apostilla de que se trataba de algún tipo de inteligencia incomprensible, o algo peor, una inteligencia “autista”, el contacto fue imposible. Pero era una investigación condenada al fracaso, por eso la solarística degeneró, sin embargo el problema es determinar cuánto de Solaris queda fuera, podemos describir determinados procesos que ocurren en el océano de Solaris, pero preguntarse por su posible “comportamiento inteligente” es algo que queda fuera, no es asimilable, no tiene sentido.


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