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Noruega 1913-1914

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Si alguna vez existió un Wittgenstein especialista en lógica, éste fue el que se recluyó en Noruega entre octubre 1913 y junio de 1914, su primer retiro.

Siempre me preguntado si aquellos retiros de eremita que se imponía Wittgenstein no eran sino el capricho de quien estaba acostumbrado a vivir en un palais en la zona más elegante de Viena, o la pose estética de alguien que quería ser como un genio y comportarse como un genio. Personalmente no he encontrado nunca lugares más apropiados para el retiro y la soledad que en medio del anonimato de una gran ciudad, pero son modos de pensar de alguien acostumbrado a las urbes y que jamás ha tenido coerciones ni expectativas que cumplir. Ahora sé que no era el caso de Wittgenstein.

Ni en Viena ni en Cambridge fue capaz de liberarse de la pesada carga de la expectativa puesta en él; su familia esperaba grades cosas de él, Russell esperaba que fuera su continuador en el campo de la lógica, quien resolviera todas las dudas. Lo que atormentaba a Wittgenstein no fue la responsabilidad, sino la imposibilidad de comportarse como la empresa exigía de él. Genio y moralidad eran para él dos cosas indistinguibles, y el genio era a ojos de Wittgenstein alguien inaceptable para el resto de la sociedad.

Vivía sus continuas obligaciones familiares, con las que siempre transigía, como renuncias; el ambiente de Cambridge le parecía falso; las concesiones de Russell a la galería, intolerables; si él estaba llamado a hacer grandes cosas, no podía estar limitado por todo eso, debía ser un intelecto en llamas o no ser nada. Weininger de nuevo.

En ese segundo viaje con Pinsent a Noruega encontró el lugar donde podía ser él mismo, donde no se tendría que ver obligado a responder a esperados convencionalismos, el lugar donde, enfrentado consigo mismo, tendría la auténtica medida de su genio. ¿Fue un espejismo? ¿Una huída, no de la sociedad, sino ante las propias expectativas que él se había impuesto?

El lugar escogido fue el pueblo de Skjolden, en el largo fiordo Sogne, una pintoresca localidad con pocos habitantes, pero no desierta, como a veces el propio Wittgenstein da a entender en sus cartas.

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En Skjolden se producen dos acontecimientos capitales que marcarán los años siguientes: Wittgenstein prefigura el núcleo técnico de lo que será el Tractatus, su lógica; y por otra parte, es en la correspondencia con Russell durante estos meses donde se certifica su distanciamiento definitivo.

Si Wittgenstein no hubiera ido a la Guerra en 1914 y no hubiera vivido de primera mano los horrores de la contienda a partir de 1916, es más que probable que el Tractatus hubiera sido simplemente un tratado de lógica, seguramente olvidado y superado por los avances que se produjeron en la lógica matemática a partir de la segunda década del siglo veinte: lenguajes formales, axiomatización de la aritmética y la teoría de conjuntos, lógica de primer orden… Pero en algún momento entre 1915 y 1916, lo que iba a ser el Tractatus deja de ser un tratado de lógica para convertirse en otra cosa totalmente distinta.

En cualquier caso, es en estos meses en Noruega donde a Wittgenstein se le ocurren las ideas básicas de su lógica: la diferencia entre decir y mostrar; la consideración de la lógica como una colección de tautologías que no dicen nada, sino que sólo muestran su sentido, que no es otro que la estructura de la realidad; el empleo de las tablas de verdad para identificar las proposiciones de la lógica… Entre el invierno y comienzos de la primavera, Wittgenstein se cree capaz de poder solucionar todos los problemas de la lógica haciendo derivar toda ella de una única proposición, aquella que especifique cómo identificar las tautologías. Son estos meses los que Wittgenstein recordaría siempre como aquellos en los que realmente se sintió dueño de sí mismo. Una mente en llamas, o al menos así lo creía.

Pero en Skjolden Wittgentein decide que su relación de amistad con Russell es un lastre más, otra obligación que le acabaría limitando. Sus divergencias, más vitales que de tipo doctrinal, son irreconciliables. Su tono comienza a ser frío, llega incluso a escribir una última carta de despedida, y en una carta fechada en marzo, le pide a Russell –casi le implora- que a partir de ese momento su relación se limite a temas no personales: el trabajo, la salud… nada más:

“Puede que tengas razón al decir que nosotros no somos tan distintos, pero nuestros ideales no podrían serlo más. Y por eso no hemos sido capaces, y jamás lo seremos de hablar de nada concerniente a nuestros juicios de valor sin ser hipócrita o pelearnos. […] Carteémonos acerca de nuestro trabajo, nuestra salud, cosas así…”

No ser “hipócrita”, esa es la cuestión, en Skjolden el joven Wittgenstein cree encontrar un ideal ético que le llevará a la consecución de grandes metas.

Sin embargo busca apoyos en otras personas, escribe insistentemente a G. Moore para que le visite en Noruega; éste sin embargo no deja de dar excusas ante la perspectiva (y el temor) de pasar varios días aislado junto con Wittgenstein, y así se lo hace saber a Russell. Al final acude a Noruega sin saber muy bien con quién se va a encontrar, y es allí donde Wittgenstein le dicta Logik, su trabajo en lógica hasta la fecha. Le pide a Moore que lo entregue en Cambridge como “tesis” de licenciatura, pero unas notas desorganizadas y poco claras no cumplen los requisitos. La reacción de Wittgenstein es violenta y culpa a Moore de ello, no entiende cómo un “avance tan sustancial en la lógica” no es tenido en cuenta. Cambridge, y sus amigos ingleses, están cada día más lejos, solo echa de menos a Pinsent.

En junio de 1914 Wittgenstein abandona Skjolden dejando instrucciones muy precisas para la construcción de una cabaña a orillas del fiordo, pretende volver después del verano para “resolver definitivamente todos los problemas de la lógica” antes de su muerte, que la ve próxima, la idea del suicidio de nuevo. No volverá a Noruega sino mucho después, y entonces todo será distinto.


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