Espectros

Respecto de los “visitantes” de Solaris, el problema es determinar qué tipo de entidad tienen. No importa cuál exótica sea su composición, sino si realmente poseen una existencia autónoma dentro de los límites de la Estación de Solaris.
¿Pueden pensar, sentir, tomar decisiones? ¿O bien su existencia es vicaria de los moradores? O incluso, teniendo una existencia vicaria, ¿pueden llegar a ser entes autónomos, con conciencia propia? La respuesta que da la ciencia (Sartorius) es concluyente: mediante algún proceso desconocido, el océano de Solaris sondea la psique y la memoria de quienes habitan la Estación, proyectando algunos de esos contenidos físicamente y de manera antropomorfa. Recuerdos, miedos, fantasmas… aparecen materializados, pero no son más que proyecciones, cosas, y no pueden considerarse como “personas”, establecer vínculos emocionales con ellos sería algo parecido a hacerlo con un zapato. Pero esa es precisamente la cuestión, y no resulta tan fácil.
El “visitante” de Kelvin resulta ser su difunta mujer, que se suicidó hace tiempo en un arrebato que el propio Kelvin pudo haber evitado (o quizá no quiso); los de Gibarian hicieron que éste se enloqueciera, y se matara, poco antes de llegar Kelvin a la base; a Snawt le atormentan, evadiéndose a menudo con el alcohol; Sartorius, en cambio, los oculta de manera vergonzante. “Ellos”, aparecen de forma súbita, casi sin memoria, no pueden morir, y a medida que transcurre el tiempo empiezan a adquirir conciencia de quiénes son; toman decisiones, sienten de alguna forma y son capaces de entender la situación que les ha llevado hasta ahí, pero, ¿es todo ello un proceso parasitario? ¿Son ellos los que toman sus decisiones o no son más que deseos inconscientes de quienes son causa de su existencia? ¿Es su vida “real” o no es más que un simulacro?
Llegado un momento Kelvin decide quedarse con ese simulacro, negando incluso la evidencia de los datos. Encuentra en esa existencia “ficticia” de Hary (su mujer) la posibilidad de una redención, la suya, aunque sea en el acotado espacio de la Estación; no obstante ella acaba tomando sus (¿suyas?) propias decisiones.
Es el viejo problema de la conciencia, de la máquina pensante, de la inteligencia artificial y el test de Turing, del libre albedrío, y en un sentido más profundo, la cuestión difícil de responder de hasta qué punto nuestra propia existencia es, de algún modo, vicaria de algo, prestada, en qué medida nuestros recuerdos y deseos son propios o meras re-creaciones de cosas que sabemos ajenas. En definitiva: ¿hasta qué punto nuestra propia memoria nos pertenece?
Hay una cuestión irresuelta en cuanto a los “visitantes”: si ellos poseen una existencia autónoma, si son capaces de sentir, pensar, y tener sus propios recuerdos, y logran aprenden a soñar… ¿acabarán por tener sus propios “visitantes”? Y éstos, ¿cómo serán? ¿Simulacros de simulacros? ¿No seremos nosotros sus “simulacros”?
La imagen de la imagen de una cosa, puede ser la propia cosa.
(Solariana, Sebastian Morelli. Atalanta Fugiens Ed.)