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Pinsent

wittgenstein

“Nuestras relaciones han sido caóticas, pero me alegro de que hayan existido: y estoy seguro de que él también ser alegra”

Anota David Pinsent en su diario el 8 de octubre de 1913, poco después de que Wittgenstein partiera para Noruega, a su exilio voluntario. Esperaba encontrarse con él en el verano siguiente, pero no volvieron a verse jamás, la Guerra puso fin a esa extraña amistad. Pinsent moriría en un accidente de aviación en mayo de 1918, había decidido servir como piloto de pruebas al haber sido declarado no apto para el servicio militar activo.

David Pinsent había ingresado en Cambridge en 1910 con una beca para estudiar matemáticas, su lectura de los Principa de Russell le hizo un asiduo de las tertulias que éste organizaba en sus dependencias del Trinity; fue allí donde conoció a Wittgenstein en mayo de 1912. Una relación caótica, es cierto, pero también inevitablemente asimétrica.

Wittgenstein se atormentaba ante su falta de popularidad en el Trinity, era un austriaco impetuoso y trágico que desentonaba con estridencia en el ambiente snob, pedante y rebelde, pero por supuesto very polite, del Cambridge de aquella época. Pinsent también vio en Wittgenstein un austriaco impetuoso, pero les unió su muta sensibilidad musical, ambos interpretaban canciones de Schubert, Pinsent al piano y Wittgenstein silbando la letra.

Fue una constante en la vida de Wittgenstein su incapacidad para leer las relaciones personales desde fuera, de ponerse en el lugar del otro, de forma que terminaba interpretándolas de manera distinta a como eran en realidad, malinterpretándolas; esa torpeza emocional marcó toda su amistad con Pinsent. “Mi primer y único amigo” dijo Wittgenstein de él, sin embargo Pinsent se sentía a gusto en el ambiente cosmopolita de Cambridge, que fomentaba las amistades múltiples de diversa naturaleza; no fue su único amigo, sino a lo sumo su mejor amigo durante el tiempo que le trató. Pinsent admiraba sinceramente a Wittgenstein, era el favorito de Russell y creía firmemente que estaba destinado a realizar una tarea capital en la lógica, le abrumaba su obsequiosidad, pero también su irritabilidad, y su “habitual estado neurótico”, que aparecía a causa de nimiedades que el propio Pinsent lo lograba entender. Celos, a veces, pero también ese temor de Wittgenstein a que los acontecimientos le superasen, siempre acuciado por urgencias emocionales e intelectuales de todo tipo.

Hubo siempre un exceso de expectativas por parte de Wittgenstein o dicho de otra forma, una aspiración a ver en su relación con Pinsent algo mucho más profundo (o elevado) de lo que en realidad era. Su primer viaje juntos, a Islandia, viajando a cuerpo de rey con los gastos pagados por Wittgenstein, Pinsent lo recordaría como “el viaje más glorioso que había realizado nunca”, a pesar de los constantes cambios de humor de Wittgenstein, éste en cambio diría que “había disfrutado tanto como es posible hacerlo entre dos personas que no son nada el uno para el otro”; exceso de expectativas, puesto que fue el propio Wittgenstein quien propuso ilusionado el viaje.

Planearon su segundo viaje en septiembre de 1913, “a Noruega o España” propuso Wittgenstein; ante la decepción de Pinsent fue Noruega, Wittgenstein buscaba un lugar de retiro, Pinsent vacaciones. Es en el curso de este viaje cuando se produce un cambio sustancial es sus relaciones: Pinsent deja de llamarle en sus diarios “Wittgenstein” o “Vittgenstein” y comienza a referirse a él como “Ludwig”. En algún momento dejó de ser el amigo excepcional y rico que Pinsent tenía en Cambridge para convertirse en algo distinto; pero de nuevo las expectativas no acaban de acoplarse.

Alejados de los turistas y casi de la civilización, retirados en un pequeño hotel en el interior de un fiordo, Pinsent se aburrió soberanamente, únicamente le distraían sus conversaciones con “Ludwig” y el piano del hotel. Rutina monacal: lógica, paseos a pie o en canoa, dominó por la noche, y alguna velada al piano. Wittgenstein escribiría en cambio a Russell: “Pinsent es un enorme alivio para mí. Hemos alquilado un bote de vela y con él vamos por el fiordo… o mejor dicho, Pinsent se encarga de la navegación y yo me siento al bote y trabajo”. Wittgenstein encontró una paz tan perfecta que decidió retirarse a Noruega a terminar su trabajo en lógica antes de que la muerte le alcanzase (otra de sus obsesiones de antes de la Guerra).

¿Sexo? Es difícil saber si hubo algún tipo de sexo entre ambos, en cualquier caso la homosexualidad de Wittgenstein es de difícil catalogación, sería algo así como una homosexualidad de tipo platónico. En esos años las opiniones de Witt al respecto están dominadas por Weininger, expuestas en “Sexo y Carácter”, para quien el “genio” está encarnado por el espíritu masculino, único capaz de “amar a su propia alma” y desprenderse así de la carnalidad para alcanzar el ideal ético. Pero el espíritu masculino, a diferencia del femenino, es capaz de elegir entre su destino o cubrirse de “feminidad” que según Weininger representa un estadio degradado, ausente de genio y de moralidad. En el plano individual ese “espíritu femenino” está representado por las mujeres o por hombres que eligen la carnalidad y el amor físico; en el colectivo su representante es “el judío”. Weininger, que era homosexual y judío, terminó suicidándose ante su doble “crimen”.

En cambio Pinsent hubiera podido vivir la posible homosexualidad con más naturalidad, entiéndase, con la naturalidad propia de Cambridge, fuera de los Colleges seguía resultando un crimen nefando. El grupo de los Apóstoles estaba dominado por relaciones a dos, a tres o a cuatro bandas que emponzoñaban y animaban sus reuniones; y en el King’s College acabó convirtiéndose casi en una pose snob que ponía en tela de juicio los preceptos morales de la época victoriana.

En definitiva, dos maneras radicalmente opuestas de experimentar esa amistad que va mucho más allá de la camaradería. Wittgenstein dominado por su desgarro trágico y Pinsent interesado, hechizado a veces, y fascinado con su singular amigo austriaco. Sin embargo entre ambos hubo una sincera amistad, tuviera el alcance que fuese.

(Apuntes para El Caso Russell)

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