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Archivo para Diciembre 21, 2008

Alphaville (1)

Diciembre 21, 2008 sebasfermat Deja un comentario

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“A menudo la realidad es demasiado compleja para la comunicación oral. Sin embargo, la leyenda la envuelve en una forma que permite cubrirla con palabras”

Alpha 60. Alphaville, Jean-Luc Godard (1965)

La posibilidad de recorrer el espacio intergaláctico en un Ford Galaxy y llegar, ya de noche, a Alphaville.

Encontrar una sociedad distópica en el extrarradio de posmoderna arquitectura del París de los sesenta, construir una sátira futurista recurriendo a los tópicos más reconocibles del género negro, abundar en la eterna dialéctica entre la fría razón y la emoción…

Como bien dice la desagradable y metálica voz artificial del la computadora que gobierna la cuidad, la leyenda proporciona palabras allí donde el discurso objetivo no es posible, o simplemente está ya manido y gastado. “Alphaville” es una leyenda, una metáfora.

Imaginemos a un detective clásico afectado por todos los clichés posibles: tipo duro, de pocas palabras y atracción inexplicable, violento pero a la vez capaz de una ternura inesperada, justiciero pero fiel a un código moral noble… Subido en su Ford no se dirige a Poisonville para aclarar algún un caso, como haría un personaje sacado de una novela de Hammett, sino a un lugar situado en el espacio exterior llamado Alphaville.

Alphaville es una ciudad que en principio no parece distinguirse del París moderno de los años sesenta, todo el mundo habla en francés, y si no fuera por el singular comportamiento de sus habitantes creeríamos encontrarnos en una cuidad normal. Pero todo resulta distinto, extraño. Lemmy Caution, el detective (Eddy Constantine), es recibido en el hotel por una “seductricce” de nivel 3, cuyo trabajo es proporcionar placer a los clientes, eso sí, con la misma mirada lánguida y ausente que parece afectar a todos sus habitantes; en las habitaciones hay extrañas “biblias” consistentes en diccionarios de los que faltan palabras relacionadas con las emociones y la consciencia. La misión del agente Caution consiste en encontrar y neutralizar a un siniestro científico, el profesor Von Braun, y en averiguar qué ha sucedido con todos los predecesores suyos, que han muerto o desaparecido.

Alphaville resulta ser la Arcadia soñada por Von Braun, paradigma del científico megalómano, una tecnocracia hipertrofiada controlada por un implacable computador, Alpha 60, al que ha sido encomendada la organización de la sociedad. Planificación científicamente programada y en el que todo es esclavo de la probabilidad y el cálculo, porque qué otra cosa podría ser el bien sino la razón aplicada. Alpha 60 es el mítico demonio laplaciano, el calculador infalible, y al mismo tiempo es el símbolo de una sociedad totalmente objetivizada, cosificada, mero cálculo estadístico de trayectorias. El sueño de Von Braun hecho realidad consiste en haber amputado toda subjetividad de la sociedad, todo aquello que remita al sujeto, al libre albedrío… o a las emociones; solo el gran computador Alpha 60 es el gran solipista de Alphaville, el que observa, razona, y calcula. Pero precisamente en ello reside su debilidad. Simulacros.

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Quienes no se adaptan a tan racional forma de vivir, que encuentra la felicidad en un frasco de tranquilizantes, son inducidos al suicidio, o liquidados en espectáculos públicos que resultan tan delirantes como brutales: en una piscina los disidentes son ametrallados en el trampolín, y su cadáver es recogido por gráciles nadadoras que hacen piruetas ante el aplauso general. Se nos cuenta que alemanes, norteamericanos, y suecos son los más proclives a aceptar los nuevos modos de vida; y que de los ejecutados la proporción es de cincuenta hombres por cada mujer.

Atrapados en esa red de de precisión lógica, que no puede significar sino el bien supremo, los habitantes de Alphaville tienen comportamientos extraños, neuróticos: dicen no cuando en realidad quieren afirmar algo, no logran expresar sus sentimientos, no tienen palabras para ello y ni siquiera son capaces de saber cuáles son. El contacto se reduce a una relación socialmente estandarizada sin roces, ni altercados; fluida, pero terriblemente fría; placentera, pero exenta de pasión. No hay lágrimas, ni emociones… sólo una perfecta coordinación social. Todo el mundo se despide con la misma anodina y absurda frase: “estoy muy bien, muchas gracias”

Las autoridades han dispuesto que Natasha Von Braun (Anna Kanina), hija de científico desaparecido, sea la guía (y espía) de Caution durante su estancia en la ciudad, sospechan de él, temen que sea un agente secreto.

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Esa esfinge, esa “preciosa esfinge”, cautivará a Caution, y ella verá en el rudo detective la posibilidad de una reminiscencia, el recuerdo de algo que tal vez conoció, sus propias emociones.

En una ocasión Caution le confiesa que está enamorado de ella

-¿Amor? ¿Qué es eso? –pregunta Natasha

-Esto –dice Caution acariciándola

-No… Yo sé que es esto, es la sensualidad

-No. La sensualidad es una consecuencia, no puede existir sin el amor

-Entonces… ¿qué es el amor?

(…)

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