Rouge

“Déjame a mí el resto. Ya sé que es ‘peligroso’… quizá sea eso precisamente lo que me atrae”
(Arthur Schnitzler, Relato Soñado)
Siempre hay una contraseña… para entrar.

“Déjame a mí el resto. Ya sé que es ‘peligroso’… quizá sea eso precisamente lo que me atrae”
(Arthur Schnitzler, Relato Soñado)
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“La medida del genio es el carácter –aun cuando el carácter en sí no constituye el genio-. El genio no es ‘talento y carácter’ sino carácter que se manifiesta en la forma de un talento especial”
L. Wittgenstein. Aforismos. Cultura y Valor
¿Hablamos de carácter forjado en el Palais Wittgenstein o de Genio Vienés? Aunque también es posible reformular la pregunta al contrario. Todos los Wittgenstein tuvieron talento, y desde luego el suficiente “carácter” como para desafiar la todopoderosa figura paterna.
El pequeño Ludwig se quedó conmocionado ante la visión del “genio” de su propio hermano mayor Hans. Una noche, despertado por las notas del piano que arrancaba furioso su hermano de madrugada, se levantó, y espiando en lo alto de la escalera vio a Hans bañado en sudor y completamente arrebatado interpretando una pieza que él mismo había compuesto. Hans Wittgenstein se opuso a la voluntad paterna de seguir una carrera al frente de los negocios de la familia, huyó a Estados Unidos con la intención de convertirse en un compositor de éxito, talento no le faltaba. Se arrojó desde una embarcación en Chesapeake Bay en 1903.
No fue el único suicidio en la familia Wittgenstein, su hermano Rudolf se suicidó en Berlín tomando cianuro en 1904. Al igual que Hans, había abandonado la casa familiar ante la oposición del patriarca, Karl Wittgenstein, a su deseo de hacer carrera en el teatro. En su carta de despedida se atormentaba por sus “dudas acerca de su pervertida inclinación”. Una “inclinación” que no dejaría también de atormentar a Ludwig
Kurt Wittgenstein, sin duda el hijo con menos talento, se pegó un tiro al final de la Primera Guerra Mundial cuando las tropas que estaban bajo su mando se negaron a obedecerle.
Carácter pues.
Solo Paul y Ludwig sobrevivieron a la pulsión autodestructiva que parecía afectar a los hijos varones de Karl, aunque en el caso de Ludwig, con dificultades.
Las hijas, en cambio, supieron adquirir un espíritu de auto conservación, que llevó a incluso a Hermine Wittgenstein a solicitar un certificado de “cambio de categoría racial” en 1938 tras el “Anschluss” austriaco, y que consiguió previo desembolso de dinero. Intelectualmente no estaban peor dotadas que sus hermanos: Helene fue una intérprete de piano incluso mejor que Paul, y Margarete, la influencia más notable de Ludwig en la familia si exceptuamos aquella visión de su hermano Hans, fue una precoz defensora de las ideas de Freud, que la psicoanalizó en una ocasión.
Sin embargo los primeros años del joven Ludwig están presididos por la búsqueda constante de ese talento especial que haría manifestarse su carácter. Oscilando entre el apremio de autenticidad, que vivió como un desgarro, y la voluntad de no defraudar a su padre, quiso encontrarlo primero en la ingeniería, con escaso éxito y mediocres resultados. Luego vendría la Lógica y por último la Filosofía, aunque entendiendo ésta como una exigencia de vida, más que conocimiento, es decir, entendiéndola como carácter.
El “Enigma Wittgenstein” consiste en entender que su “genio” siempre ha sido un talento fagocitado por el carácter. O un talento intentando abrirse camino a través del carácter.
Quizá quien mejor lo entendió fue Bertrand Russell. Después de la publicación del “Tractatus” dejaron prácticamente de tratarse.
(Apuntes para “El Caso Russell”)